Lo bueno y malo de querer amarrar a la pareja

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Una amiga me envió un e-mail saludándome y pidiéndome consejos de cómo amarrar a su chavo. Mi primera reacción fue darle un zape, pero no me quise quedar con las ganas de presentar este caso ante el juzgado para que se emitiera un veredicto con gente en pro y en contra de situaciones como esta.

Esta es la primera vez que me topo con alguien que me pide de manera directa que le ayude con algo por el estilo... pero me puse a pensar en algunas situaciones similares que me haya tocado vivir y creo que le atiné a más de un caso.

Pongámoslo de esta manera: siempre nos topamos con alguien que nos inspira decir "con este/esta sí me caso" o "quiero una novia así" o cosas por el estilo (yo mismo lo he dicho algunas veces).

En los hombres, esto es dicho muy generalmente cuando lo que se tiene enfrente es un trasero fenomenal, un buen par de boobies o una cara angelical. En las mujeres no se puede generalizar tanto... mi estudio del sexo opuesto a veces se topa con severos problemas para generar conclusiones (sí, las mujeres son mucho más complicadas que los hombres, y eso las hace seres místicos).

Cuando nos topamos con una persona tal como nos la recetó el doctor -cosa prácticamente imposible de conseguir- o que llena la mayoría de los requisitos, lo primero que queremos hacer es ponerla de nuestro lado y pintar una raya de ahi pal real, sin importar lo que esa pareja llegue a pensar. Aquí comenzamos a caer en la obsesión.

Desafortunadamente, muy pocas personas entienden que sus derechos terminan donde los del otro comienzan, y lo más absurdo que alguien puede decir es "tengo todo el derecho de hacer que él -o ella- sea nomás para mí". Eso es lo que luego hace que seamos olímpicamente mandados por un tubo y nos amarguemos la existencia en el mediano o largo plazo.

Ahora bien, hay parejas a las que les conviene que se les posea, especialmente cuando tienen el carácter algo débil o son extremadamente sensibles. Por ahi sé de un par de casos en los cuales la conveniencia en el amarre es recíproca, porque el uno le da al otro lo que necesita y viceversa, y eso puede ser en el aspecto emocional, personal o incluso hasta económico. Otro caso válido es de aquella persona que le encanta andar brincando de colchón en colchón -hombre o mujer- y de repente se topa con alguien que le calma los ímpetus y termina haciéndole arrastrar la cobija, al grado de renunciar a las relaciones fugaces... a fin de cuentas, también salieron muchas otras gentes beneficiadas ya que alguien les evitó un rompimiento de corazón.

Creo que me exendí demasiado dando mi propia opinión al respecto. Ya les tocará a ustedes decir si en realidad uno tiene el derecho de querer usar cualquier medio posible por amarrarse a un individuo y quedárselo para sí mismo, independientemente de si hay una reciprocidad sentimental.

Ahora los señores del jurado deberán dictar sentencia. Chin chin el que no lo haga :)

Documento originalmente publicado en whitepuma.net en Dic 7 2001

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